martes 12 de agosto de 2008

Me he mudado

Ha sido un trabajo duro, intenso y discreto. Pero sí. Finalmente me he mudado. Es decir, que el culo inquieto que soy se ha mudado de casa o de localización para el blog. A partir de esta noche estaré en esta nueva dirección: http://rojonoesuncolor.wordpress.com. Y bueno, espero que mi casa siga siendo la de los mismos amigos que he ido haciendo en estos meses. Al menos eso me gustaría. Un abrazo.

lunes 11 de agosto de 2008

Izquierda o derecha

Aburrido como estoy de trabajar de noche he dado con mis huesos en este test que supuestamente mide la posición ideológica de cada uno. Me ha parecido muy interesante. Los resultados aseguran que soy un liberal de izquierdas bastante a la izquierda, por cierto. Muy cerca de la puntuación que le dan a Gandhi. Ejem. Bueno, sería interesante comentar qué le ha salido a cada uno, ¿no?

Agosto sin nombre


Sospecho de agosto que debe de ser un mes de soledades mal inventadas. De pobres historias o de historias pobres, según se mire y según dónde se busque. La cartelera es ya el tradicional páramo ininteligible de cada año y las playas se pueblan de extranjeros de chola y calcetín que tienen un "horror vacui" tal hasta no dejar un centímetro libre en el que darse al menos un respiro.
Llegó un agosto sin nombre con las mismas historias de siempre y que desocupará las aceras durante varias semanas para hacerlas más transitables a quienes aquí nos hemos de quedar. En mi caso al menos será un mes de trabajo nocturno y de callejeo por el escaso Santa Cruz canalla hasta altas horas de la madrugada.
Una ciudad que se nos queda canalla, repito, y de rodríguez hasta que alcanza septiembre. Intensa a ratos. Así fue siempre. Una ciudad que puede ser otra, que dijo Benedetti de todas las ciudades.
Supongo que en estos días hablaremos de las miserias que nos traen siempre estos treinta y un días consecutivos que toman su nombre del emperador Augusto Octavio. Cambiaremos la actividad parlamentaria, la parálisis gubernamental y las puñaladas de la oposición por los tres tristes temas: las pateras cargadas de miseria, el fuego irremplazable y los accidentes de tráfico.
No es que sea un mes aburrido. Es más bien un tiempo en el que la originalidad brilla por su ausencia y hemos de salir a buscarla fuera.
En las terrazas y en las avenidas. En las pocas playas sin chola y calcetín. A poder ser con un mojito y una buena conversación. Para conjurarnos contra el calor. No la encontraremos ni en el cine ni en la televisión, que no asediará con sus programas enlatados y las galas ambientadas en paraísos de cemento a orillas del mar.
Agosto es un mes ideal para tostarse al sol, ponerse bermudas y oler a crema para después del bronceado. Es tiempo de mar salvaje y de la desnuda chola de cuero. De amores pausados y queridos. De arena nocturna. De buenos libros.
Hasta Santa Cruz es distinta en estos días. Precisamente cuando más vacía se queda. Precisamente en estos días de soledades mal inventadas que trae este mes de 31 historias.
Benedetti habló de ello una vez, cuando aseguró que cada ciudad puede ser otra. Al menos cuando es el testigo de los abrazos y de los crepúsculos, de las bonanzas y los aguaceros.

PD: El vídeo es tan tan tan hortera, que no me he podido resistir a incluirlo en la página. Mi fetichismo por este tipo de cosas va a acabar conmigo...

viernes 8 de agosto de 2008

El espejo de Frida

Me cuenta Silvia que Frida Kahlo se pasó media vida pintándose a sí misma para escapar del dolor de un fatal accidente. En su convalecencia le instalaron un espejo sobre la cama que la obligaba a contemplarse constantemente. Así, ella misma se convirtió en una obsesión que perdudaría hasta sus últimos días. "Conócete a ti mismo", exhortaba el oráculo de Delfos, una frase que esconde un misterio cierto: el de nosotros mismos, la única especie consciente de su existencia sobre el mundo, pero que tiene una habilidad intrínseca para engañarse. Una vez alguien me dijo que no somos lo que los demás creen que somos, sino lo que nosotros sabemos que somos. Ni siquiera conocía a esa persona. Llegó, se paró, lo soltó y se fue. Pero el trabalenguas me hizo pensar durante días. Le di vueltas y aún, varios años después, reconozco que pienso en ello. Por experiencia propia sé que tenemos un punto soberbio que nos hace creer que somos el centro del universo, conocido y por conocer. El tema del que más nos gusta hablar es de nosotros. Y constantemente, en nuestro interactuar con los demás, nos reinventamos. Algo que hacemos todos los días. ¿Con cuál de nosotros nos quedamos? ¿Con el que una vez robó en el supermercado, con el que tira las colillas al suelo o con el que en un mal momento insultó a su vecino? Con toda probabilidad, habremos contado mil veces el día en que nos emocionamos con una puesta de sol o cuando ayudamos a una frágil anciana a cruzar la calle. Reinvenciones inevitables de nuestra historia que nos permiten vivir. Y, al final, ¿qué somos? Quizá podríamos decir que son los demás los que nos devuelven la verdadera dimensión, como el espejo mostraba a Frida su imagen completa de mujer rompecabezas. Podría ser ésta la respuesta, pero no deja de ser cierto que, de una forma inexplicable, cada día sentimos en nuestro interior un latido de humanidad que nos hace sentir felizmente incomprendidos.

miércoles 6 de agosto de 2008

Noche de cierre

Adoro el cierre del periódico. Así pensaba hace apenas un par de años. Se supone que así debería pensar en la actualidad. Horario fijo -rara avis en el mundo periodístico-, sueldo sobredimensionado gracias a las tres horas diarias que cobro de nocturnidad -una pasta-, todo el día libre hasta las siete de la tarde y, lo más importante de todo, a partir de ese momento no tengo jefe y me quedo yo tomando mis propias decisiones. Tiempo libre para escribir... Es decir, que debería de estar como un niño con zapatos nuevos. Pero no. Cuando no le dan una patada a la democracia en Mauritania -a dos pasos de aquí, más cerca que Madrid-, Hugo Chávez le nacionaliza al Santander la filial. E, incluso, una importante compañía naviera de Canarias anuncia que se carga a un tercio de la plantilla como consecuencia de la crisis. Así que voy saltando de la primera del periódico al tema de Mauritania, de Mauritania a la conversación diaria con el director del medio en cuestión y de esta charla al mosqueo con la jefa de Economía que se cabrea cuando se le señala que no había incluido la información sobre la naviera. Luego está el señor que llama para contar que el Ayuntamiento no ha fumigado su calle y que ha encontrado cucarachas. Y una página sobre la falta de traductores en las cárceles canarias que, no sé a santo de qué, iba ilustrada con una fotografía de inmigrantes. Que no son delincuentes. Flipante. Luego está el sueño profundo que a uno le entra a partir de las once de la noche. ¡Ya sólo me queda media hora, madre mía! Pienso aliviado. Quizá lo mejor de la noche es sentir bajo mis piés la vibración de la rotativa calentando motores. Hace que todo cobre algún sentido. Que aún me crea los porqué.

martes 5 de agosto de 2008

Diciembre de ojos dulces

Hace unos meses, Silvia me regaló este poema en un día triste. Me lo entregó en mano, como las cosas valiosas. Y hoy me he decidido a incluirlo aquí.


Tal vez te duela este diciembre de ojos dulces,
con su soledad recién estrenada y su lluvia
de ausencias sin nombre
y te cueste subirte a las aceras olvidadas
de la vida, por donde se asoman sombras
que no adivinas,
rostros que nada te dicen,
edades ajenas a tu edad. Tal vez te duela
la piel cuando recuerdas
todos los abrazos,
el café luminoso de ciertas mañanas,
las noches sin respuestas, y ese cuerpo
que tus manos ya no han de incendiar
como una catástrofe llena de alegría,
como un paisaje que te percenece.

Pero piensa que probablemente
este diciembre de ojos dulces
esconda tras sus esquinas un asombro
o una adivinanza. Puede ser
que tras esta calle confusa y triste
te aguarde un rumor de cosas importantes,
un golpe de presente que ha de abrirse
como una caja de música
de la que has de rescatar
tus amadas y nuevas
geografías.

No sé. Te imagino herido.
Lamiéndote un rencor incomprensible,
tratando de olvidar aniversarios, citas,
lugares comunes, paisajes conquistados
a cuatro manos,
como una sinfonía secreta y dolorosa
que ya tan sólo escuchas tú.
Y quisiera iluminarte el día.
Sacar del bolsillo una certeza.
La convicción de que todo va a cambiar
muy pronto.
De que también por ti suspiran
las muchachas de ojos grandes,
los jóvenes de vaqueros gastados
y pasos de gigante, y hasta los perros
persiguen tu risa de verano,
tu olor a persona completa,
a amigo antiguo.

Tal vez te sirva de bien poco
saber que tu soledad tiene
otra soledad en la que apoyarse.
Saber que te cuento
entre mis hallazgos.
Que te pienso ya
entre mis seres queridos...
Tal vez te sirva de bien poco
pero nunca se sabe...

Cena para dos


Nunca pensé en regresar a Santa Cruz en guagua con las manos entrelazadas con las de alguien. Nunca pensé que besar en una avenida en una noche de mágica espuma del mar pudiera ser tan especial. Nunca pensé que esto volviera a pasar. Tan normal. Tan especial. Estabas tan guapo. Eres tan guapo, en general. Estábamos tan guapos, me atrevería a añadir. El pasado domingo este señorito se marchó al Puerto de la Cruz a pasar un mini fin de semana acompañado. Cena para dos en un restaurante con nombre del autor de Metamorfosis. Una calle rebosante de flores. Hotel barato con vistas a la plaza del Charco. Cena y copas. Espectáculo drag y bailes y más copas. Besos y más besos. La pintora Magda Rivero. Un mojito que estaba solemnemente malo. Y tu sonrisa, que me llegó. Me propusiste un viaje a Lisboa para escuchar fados. Fuimos a la playa y nos quemamos la nariz. Llamamos al teléfono de unos pisos y el precio nos hizo reír. Nos reímos mucho. Y eso es buena señal, según creo. Vamos a cuidarnos, me propusiste al final, al regreso de todo. Y me besaste. Vértigo en el estómago ¿Tú crees que estás preparado para algo más? Pregunté, inocente. Yo sé que sí, me dijiste. Y luego regresamos a todo lo demás.
PD. Me gusta esta canción, no lo puedo remediar. Me parece tan alegre...